Primavera.
Hay dos caras
diametralmente opuestas
en setiembre.
Una que se construye hacia la luz,
donde brota el verdor de la enramada.
Otra que la provocan siete vientos
que empujan a gorriones desplumados
hacia el cuadrado gris de las veredas.
Puedo mirar el cielo en primavera,
pero en puntas de pie.
Verano
Hay un verano que no vuelve nunca
aunque siempre regrese otro verano.
Otoño
Idas las moscas vuelvo al recurrente
sueño en que la hojarasca incontrolable,
lejos de las escobas y las quemas
sepulta a la ciudad en su beige(eza).
Indignado va el cielo ensangrentando
desde marzo hasta junio nubarrones.
Invierno
Solo la cama guarda la segura
dulce inmovilidad del paraíso.
El resto de la casa, la ciudad,
todo es mentira cuando lluvia, viento,
hacen temblar las manos y las ramas.
Una tonada triste bajo las frazadas.
Eso es lo cierto: duerme, espera, hiberna.
De Descendencia, a publicarse en el correr del año.
Compradora asegurada.
ResponderSuprimirSi el correr es antes de octubre me lo entregaran en mano cruzando el gran azul.
Un saludo.
La idea es que sí, que salga antes. Pero dependemos del viento. se agradece el interés. un abrazo.
ResponderSuprimir